La mayoría de las empresas desaparece en sus primeros cuatro años de vida. Sólo entre un 15 y un 20% de las compañías sobreviven a ese periodo. Y las que lo superan, llegan como máximo hasta los 15 años de vida. ¿Qué situaciones acaban con las empresas? 

Oriol Amat, Vicepresidente de la Asociación Catalana de Contabilidad y Dirección (ACCID), analiza seis causas económicas que matan empresas, las cuatro primeras relacionadas con la liquidez y las dos últimas con el beneficio. Nos las explica en el siguiente vídeo:

  1. Descapitalización: cuando las empresas tienen un nivel insuficiente de capital propio ponen en riesgo su supervivencia. En general, se considera que una empresa necesita alrededor del 40% de su capital para financiar el total de su actividad.
  2. Exceso de deudas a corto plazo: cuando la compañía tiene una deuda importante y que debe saldar en un periodo de tiempo breve, asume otro riesgo que puede desequilibrarla. No obstante, relacionándolo con el punto anterior, si no hay problemas de capital en la empresa es un error que no suele ser determinante.
  3. Mala gestión de los activos: las empresas que invierten de forma excesiva en activos no corrientes, en existencias, o en clientes que hacen que la empresa no sea lo suficientemente eficiente.
  4. Plazos: muchas empresas no saben gestionar adecuadamente los tiempos de cobros y pagos. 6 errores que matan empresasEsa mala gestión lleva a situaciones en las que el pago a proveedores llega antes que el cobro de clientes.
  5. Ventas insuficientes: Primer error relacionado con el beneficio. En este caso la compañía no es lo suficientemente competitiva, no tiene el músculo o la suerte en la innovación para conseguir las ventas que se precisan.
  6. Exceso de gastos: Esta causa puede estar relacionada con la anterior, es decir, vendemos poco para los costes que tenemos. O bien porque ante una bajada de las ventas no tenemos la pericia suficiente como para reestructurarnos.

 

Como conclusión, conseguir mantener a flote nuestra empresa es un esfuerzo que debe centrarse tanto en mantener la liquidez, con una buena gestión de activos, cobros y pagos y un adecuado control del riesgo de descapitalización y endeudamiento; así como en garantizar los beneficios de la misma, con el equilibro adecuado entre los gastos y los ingresos. 

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